La próxima vez...
Otra vez estoy viendo llover, así como las gotas de agua resbalan empapando las ventanas también las mangas de mi suéter se humedecen con mis lágrimas… Es que estoy recordando aquella tarde…
Era la nueva en aquel grupo de amigos, en total unas seis o siete parejas tal vez ocho: hombres atractivos –no precisamente eran “guapos”, si no de esos hombres de gran porte, con mundo y una actitud arrasadora, seductora por naturaleza- y mujeres hermosas que les hacían magnifica comparsa ya que no se dejaban opacar por sus acompañantes –no porque compitieran, sino porque ahí o se encajaba con los demás o no se encajaba-. Me sentía intimidada y algo desubicada después de todo tú me llevabas más de veinte, y ahí el más joven me llevaba al menos quince años… Pero no te gusté por inmadura, eso me queda claro y a todos les había “caído bien” después de haber recorrido unos tres bares. Todos pequeños lugares, acogedores y de un excelente ambiente bohemio, ya no sabía si yo encajaba con ustedes porque simplemente los admiraba o porque realmente esa era mi personalidad, aún así hasta ese momento había sido la noche más divertida de mi vida.
Todos sabían que era tu “nueva novia”, tal vez por eso se estaban esforzando en aceptarme. Por la hora y por mi edad ya no podíamos entrar a más bares, aunque me había mantenido sobria, claro en el grupo nadie iba ebrio en realidad. Al final llegamos al departamento de alguien, era realmente pequeño… más íntimo que los bares pero seguía siendo acogedor, cálido y de buen ambiente.
Terminamos en el piso de la sala rodeados de botellas y vasos, con alguna melodía apacible y algo romántica de fondo, después de todo parecía una cita múltiple, nadie iba “solo”. Todos comentaban sus anécdotas y yo procuraba aprender de ellas, mientras los demás se reían de cada comentario. Estaba tan cómoda entre tus piernas, con mi cabeza recostada en tu pecho, miré hacia la ventana y descubrí que había comenzado a llover. El sonido de tu teléfono celular interrumpió las últimas risas y la conversación. Por alguna razón al mirarte y ver tu expresión supe que lo siguiente iría mal para mí.
Con la expresión incomoda te alejaste un poco para contestar la llamada, sentí mi cuerpo enfriarse y eso sólo confirmo mi sospecha. De inmediato mi expresión se hizo triste aunque intenté disimular, los murmullos que escaparon de tu conversación alertaron a todos… Todos susurraron mientras me miraban con ¿compasión? ¡No lo sé!, lo que si supe fue que no tenía que llorar ni hacer un desfiguro… Eso lo arruinaría todo entre nosotros, tenía que dejarte ir, de todas formas no iba a durar mucho con esos “nuevos amigos”.
Así que sonreí cuando escuche su nombre… “Charlote”, escapado de algún susurro mientras tú volvías con esa inexpresión derrotada que me supo amarga, quería llorar y golpearte, pero ese no era mi lugar… por esa noche –estaba segura- había tomado el lugar de ella. Algunos de los chicos te jalaron la camisa con ademan de golpearte… ellos querían decir “No puedes volver con ella –Charlote- y dejar aquí a ella –yo-“ Las chicas te miraban tristes, melancólicas, con desaprobación y el cejo fruncido.
Alguna vino y me abrazo, tratando de darme apoyo, hasta ese momento supe que toda mi expresión se había vuelto perdida para ellos, y también me di cuenta de lo frío que estaba mi cuerpo. En ese momento sonreí de verdad –bueno, fingí sonreír de verdad- me acerqué a ti y te di un beso en la mejilla con una risilla boba “tienes que trabajar, lo sé, debes irte, está bien”
¡Oh! Cuanto hubiesen querido golpearte para que no fueras tras ella, todos sabían de lo dañino que había terminando siendo su relación… yo no conocía ni su rostro, seguramente era preciosa, alta ¡una modelo! elegante y refinada a tu estilo bohemio una más del grupo…
Diste media vuelta con el celular apretado en tu puño como si destruir el aparato hiciera retroceder el tiempo y evitar que todo pasara. Espere unos minutos y ahogada de lágrimas contenidas con todo mi esfuerzo me despedí, no tenía derecho a arruinar la fiesta, de no ser por mí ellos se estarían divirtiendo.
Había llegado hasta ahí en tu automóvil, con tu dinero había bebido y comido… yo tenía mi propio dinero pero me quería sentir protegida por ti y esa fue la mejor forma que encontré para sentirlo. No dejaba de llover y era tan tarde, claro que alguien dijo “¿te llevo a casa?”, pero no podía permitirme conocerlos más, ellos nunca me volverían a ver así que con algo de miedo tomé un taxi para volver a casa…
Y así como hoy, esa noche vi las ventanillas del taxi chorrearse de lluvia, y mis manos, mi cabello y los puños de mi abrigo se empaparon con mis lágrimas… Era yo la tonta que me había enamorado, cuando era obvio que sólo era una aventura, algo que sabía desde un inicio y yo misma así lo deseaba para que no pasara esto.
Lloré sobre mi cama hasta caer dormida. Lloré de rabia, de dolor de tristeza y de amargura. Desperté abrazada por ti. Estabas sobre mi cama, no adentro de las sábanas y podía sentirme cálida y algo húmeda por mis lágrimas. Tendría que haberte echado de ahí, quise hablar pero no supe que decir… Me quedé callada y con la boca medio abierta, alzaste mi barbilla para besarme y volví a llorar mientras te besaba, descubriendo que olías a alcohol, a perfume de mujer y que te habías mojado con la lluvia. Después sólo estábamos abrazados, callados y a veces me hacías reír, supe que no era una aventura, aunque no dijimos nada sobre ello.
Era la nueva en aquel grupo de amigos, en total unas seis o siete parejas tal vez ocho: hombres atractivos –no precisamente eran “guapos”, si no de esos hombres de gran porte, con mundo y una actitud arrasadora, seductora por naturaleza- y mujeres hermosas que les hacían magnifica comparsa ya que no se dejaban opacar por sus acompañantes –no porque compitieran, sino porque ahí o se encajaba con los demás o no se encajaba-. Me sentía intimidada y algo desubicada después de todo tú me llevabas más de veinte, y ahí el más joven me llevaba al menos quince años… Pero no te gusté por inmadura, eso me queda claro y a todos les había “caído bien” después de haber recorrido unos tres bares. Todos pequeños lugares, acogedores y de un excelente ambiente bohemio, ya no sabía si yo encajaba con ustedes porque simplemente los admiraba o porque realmente esa era mi personalidad, aún así hasta ese momento había sido la noche más divertida de mi vida.
Todos sabían que era tu “nueva novia”, tal vez por eso se estaban esforzando en aceptarme. Por la hora y por mi edad ya no podíamos entrar a más bares, aunque me había mantenido sobria, claro en el grupo nadie iba ebrio en realidad. Al final llegamos al departamento de alguien, era realmente pequeño… más íntimo que los bares pero seguía siendo acogedor, cálido y de buen ambiente.
Terminamos en el piso de la sala rodeados de botellas y vasos, con alguna melodía apacible y algo romántica de fondo, después de todo parecía una cita múltiple, nadie iba “solo”. Todos comentaban sus anécdotas y yo procuraba aprender de ellas, mientras los demás se reían de cada comentario. Estaba tan cómoda entre tus piernas, con mi cabeza recostada en tu pecho, miré hacia la ventana y descubrí que había comenzado a llover. El sonido de tu teléfono celular interrumpió las últimas risas y la conversación. Por alguna razón al mirarte y ver tu expresión supe que lo siguiente iría mal para mí.
Con la expresión incomoda te alejaste un poco para contestar la llamada, sentí mi cuerpo enfriarse y eso sólo confirmo mi sospecha. De inmediato mi expresión se hizo triste aunque intenté disimular, los murmullos que escaparon de tu conversación alertaron a todos… Todos susurraron mientras me miraban con ¿compasión? ¡No lo sé!, lo que si supe fue que no tenía que llorar ni hacer un desfiguro… Eso lo arruinaría todo entre nosotros, tenía que dejarte ir, de todas formas no iba a durar mucho con esos “nuevos amigos”.
Así que sonreí cuando escuche su nombre… “Charlote”, escapado de algún susurro mientras tú volvías con esa inexpresión derrotada que me supo amarga, quería llorar y golpearte, pero ese no era mi lugar… por esa noche –estaba segura- había tomado el lugar de ella. Algunos de los chicos te jalaron la camisa con ademan de golpearte… ellos querían decir “No puedes volver con ella –Charlote- y dejar aquí a ella –yo-“ Las chicas te miraban tristes, melancólicas, con desaprobación y el cejo fruncido.
Alguna vino y me abrazo, tratando de darme apoyo, hasta ese momento supe que toda mi expresión se había vuelto perdida para ellos, y también me di cuenta de lo frío que estaba mi cuerpo. En ese momento sonreí de verdad –bueno, fingí sonreír de verdad- me acerqué a ti y te di un beso en la mejilla con una risilla boba “tienes que trabajar, lo sé, debes irte, está bien”
¡Oh! Cuanto hubiesen querido golpearte para que no fueras tras ella, todos sabían de lo dañino que había terminando siendo su relación… yo no conocía ni su rostro, seguramente era preciosa, alta ¡una modelo! elegante y refinada a tu estilo bohemio una más del grupo…
Diste media vuelta con el celular apretado en tu puño como si destruir el aparato hiciera retroceder el tiempo y evitar que todo pasara. Espere unos minutos y ahogada de lágrimas contenidas con todo mi esfuerzo me despedí, no tenía derecho a arruinar la fiesta, de no ser por mí ellos se estarían divirtiendo.
Había llegado hasta ahí en tu automóvil, con tu dinero había bebido y comido… yo tenía mi propio dinero pero me quería sentir protegida por ti y esa fue la mejor forma que encontré para sentirlo. No dejaba de llover y era tan tarde, claro que alguien dijo “¿te llevo a casa?”, pero no podía permitirme conocerlos más, ellos nunca me volverían a ver así que con algo de miedo tomé un taxi para volver a casa…
Y así como hoy, esa noche vi las ventanillas del taxi chorrearse de lluvia, y mis manos, mi cabello y los puños de mi abrigo se empaparon con mis lágrimas… Era yo la tonta que me había enamorado, cuando era obvio que sólo era una aventura, algo que sabía desde un inicio y yo misma así lo deseaba para que no pasara esto.
Lloré sobre mi cama hasta caer dormida. Lloré de rabia, de dolor de tristeza y de amargura. Desperté abrazada por ti. Estabas sobre mi cama, no adentro de las sábanas y podía sentirme cálida y algo húmeda por mis lágrimas. Tendría que haberte echado de ahí, quise hablar pero no supe que decir… Me quedé callada y con la boca medio abierta, alzaste mi barbilla para besarme y volví a llorar mientras te besaba, descubriendo que olías a alcohol, a perfume de mujer y que te habías mojado con la lluvia. Después sólo estábamos abrazados, callados y a veces me hacías reír, supe que no era una aventura, aunque no dijimos nada sobre ello.
No es el típico ejemplo de “si es tuyo regresará” quiero aclararlo, era algo más simple: ahora “conocería” a Charlote y tu pasado, y ella sería un fantasma hasta la próxima vez en la que no te dejaría ir tras ella, la próxima vez tendrías que decidir para “siempre”: ella o yo.
Hayashi -Hideky- Nao!
La otra vez andaba hurgando un poco por aquí y este cuento me gustó.
ResponderEliminarNo sé exactamente por qué, pero me atrapó...
A la mejor 'la próxima vez' le atinemos mejor al famoso "no sé qué, que qué sé yo", muchas gracias por leer Mokona n.n!!
EliminarMe identifique con eso de "la más chica del grupo" xD suelo relacionarme con gente mayor, mm bueno eso no es el caso, este relato es triste :/, pero siempre habrá fantasmas del pasado que interfieran con nuestra vida y muchas veces no son los que uno viene cargando sino de los demás,yo que ella lo corro D:< JAJA pero bueno así es el amor :/
ResponderEliminar